Hoy
en día, la educación está en debate por la sociedad. Las polémicas, se sitúan
alrededor de los actores encargados de transmitir los saberes necesarios a las
generaciones venideras. ¿Y porque es un tema de discusión?, porque se trata de
una actividad laboral permanente, que es pública. Por consiguiente, el docente es
observado con desconfianza y carga sobre sus espaldas el peso de comentarios,
generalmente negativos en cuanto a lo que “se cree o interpreta” de ellos. Pero…
¿Qué implicancias adjudican a dicho rol?
Si bien, ser un profesional de la enseñanza es un gran desafío. Ya que no
solo corresponde al dominio de contenidos y capacidades cognitivas sino también
al desarrollo de aptitudes y habilidades
variadas para descubrir las necesidades de cada uno de los educandos.
Considerando ante la diversidad, que
cada caso es particular. Y ello no implica homogeneidad, más bien hace a la
competencia profesional.
Despertar la curiosidad, el interés y
la motivación en el estudiante mediante
estrategias y métodos de enseñanza más dinámicos, harán que el aprendizaje no
quede en el “intento” y genere grandes resultados, y en ello el “transmitir la cultura es una de las tareas
centrales de la educación y de la escuela”, señala la autora Alejandra Birgin
y Dussel Inés. Y es de aquí que se desprende una cuestión fundamental en torno
a la ilustración presente, donde puede observarse claramente a una docente,
restringiendo las diferencias ideológicas de los jóvenes aprendices,
limitándolos a un único pensamiento y forma de interpretar la realidad.
El
psicoanalista Jacques Hassoun sostiene que “una
transmisión lograda es una transmisión interrumpida en algún punto. Deja
aparecer la diferencia y permite que la generación siguiente recree ese legado
de una forma original y única”. En este sentido, la transmisión no es una
reproducción idéntica de lo mismo,
entonces no podemos permitir la negación de lo nuevo.Ser docente supone brindar las herramientas necesarias para que
el sujeto pueda superarse a sí mismo.
Pese a esta centralidad, años
anteriores el concepto de educación fue tomado en términos adulto-céntricos y
autoritarios. Emile Durkheim afirmaba que, “la
educación es la acción ejercida por las generaciones adultas sobre aquellas que
no están todavía maduras para la vida social… Como una relación definida y
estructurada por los adultos, en la que los niños deben aprender el destino
social que les está asignado”. Michel de Certeau señalo que, “la autoridad es un vínculo social que asume distintas formas. Es la
relación que promueve obediencia, respeto y que establece un vínculo asimétrico
entre dos sujetos”. Cabe destacar que, el acto pedagógico siempre va a tener una
autoridad y esta será quien transmita esos conocimientos.
Sin embargo, no es
necesario imponer una supremacía anti democrática y excluyente a la hora de desempeñar tan noble tarea: La docencia. Las
experiencias acumuladas a lo largo de los años no hacen al “experto”.El maestro
puede ser conocedor de todas las disciplinas, pero finalmente no terminan de conocer
del todo algo.
Ser
un guía en la trayectoria formativa de los educandos, permitirlo, generará un
espacio de intercambio muy rico, de reflexión amplia y construcción critica. Y
en ese intercambio de ideas, ambos actores: tanto maestro como estudiante se
verán beneficiados. Porque la formación del primero, no acaba con la adquisición del
título. Alejandra Birgin y Dussel Inés señalan que, “en las
instituciones formadoras de docentes se brinda un espacio y un tiempo
específico de preparación formal, pero que allí el tramo formativo ni
comienza, ni se agota”. Ser docente
consiste en aprender día a día de “un otro”; del seguir capacitándose. Tomando
nuevas ideas y nutriéndose de ello, de
lo improvisto, partiendo de un tipo de profesionalidad amplia y desarrollada, como
sugiere el autor Francisco Imbernon, en contraposición a una profesionalidad restringida,
como se refleja en la imagen.
Si
uno observa con detenimiento la misma, podrá apreciarse también, el concepto de
“normalización”. Con esto apuntó a los objetivos que se tenían hasta no hace mucho
en torno a las políticas efectuadas en nuestro país, Argentina. Donde el educador era el portador
de una cultura que debía imponer a un sujeto socialmente inepto e ideológicamente
peligroso, con el propósito de civilizarlo, en otras palabras “Normalizarlo”.
Desde esta perspectiva la docente representa esa “normalidad”, a la que los
niños deben adaptarse por ser disimiles. Ahora bien, ¿esto aún se manifiesta en
nuestros días? o, ¿existe un espacio de interés por el otro?... Antonio Novoa,
menciona que “el pensamiento educativo ha
estado marcado por el conformismo”, y es de aquí un empobrecimiento de las
prácticas educativas al cerrarse bajo una idea errónea, que acuñe a la
resignación. “Es importante pensar en el
futuro, sin olvidar el presente”, agrega.
Cabe
concluir que, el sistema educativo se
argumenta en la necesidad de un profesor con un alto grado de capacidad de
actuación sobre su práctica, de adaptabilidad a las situaciones conflictivas y cambiantes
del contexto social. Ya que la responsabilidad de los educadores no es cumplir
mecánicamente con un mandato, sino analizar cuál es la transmisión cultural que
debe tener lugar hoy. Brindando de este modo, una educación de calidad-y ese es
el mayor reto- en donde exista un espacio cordial, de reciprocidad y confianza,
en donde el estudiante cumpla un papel activo y pueda desenvolverse plenamente,
a pesar de las divergencias y conflictos que supone encontrarse en un mismo
espacio. Con el fin de promover un aprendizaje significativo y en ellos quede
una huella. Formando y no deformando aquellas cualidades, quizás ocultas, y
desplegando al máximo sus potencialidades.
El
sentirse en agrado con ello, desafiara y deshará el concepto de desvalorización que nos es
impuesto por la sociedad actualmente, porque solo depende de nosotros acabar con apreciaciones
negativas y alcanzar el éxito.
Referencias
bibliográficas:
-Birgin, Alejandra y Dussel, Inés:
“Rol y trabajo docente”. Aportes para el debate curricular. Trayecto de
Formación General Gobierno de la Ciudad
de Bs. As. CEPA, 2000.
-Imbernon, Francisco: “La formación y
el desarrollo profesional del profesorado”, Cáp. II: “Maestro de todo, sabio de
nada. La función docente”. Editorial Grao, Barcelona 1994-
-Antonio Novoa: “La nueva cuestión
central de los profesores”. Exceso de discursos, pobreza de prácticas.
Editorial: La educación entre dos siglos.